La
experiencia más reciente de servicio al cliente que he tenido oportunidad de
vivir, está asociada a la organización para la cual laboro y se trató de una
vivencia negativa: traslado a nuevas oficinas.
La
situación se presenta a raíz de un cambio de oficinas donde el personal pasa a
ocupar un edificio totalmente nuevo. La empresa contratista, entregó la obra
con todos los servicios necesarios para continuar (sin interrupciones
prolongadas o de consideración) dando el servicio que por años hemos ofrecido
al público que así lo demanda.
Prácticamente
desde el traslado, se comenzaron a presentar serios problemas de comunicación tanto
con nuestros clientes internos como externos; en vista de que el sistema de
comunicación telefónica presentó fallos de consideración donde incluso se
mantuvo por días continuos la incomunicación con nuestros clientes internos y
externos.
Por supuesto esta situación derivó en una mala
imagen para la institución; la cual al ser pública, carga con un estigma generalizado
donde el cliente sobre todo externo NO perdona y lo que dice es “tenía que ser una oficina pública”.
Pese
a todas las dificultades, el servicio se ha llegado a normalizar; pero queda la
inquietud, ¿y si ocurre de nuevo, estamos preparados, cuál será el protocolo de
actuación para evitar el descontento generalizado de nuestro cliente?
Con
esta lección, quisiera concluir la reflexión, acerca de la importancia que
representa un buen servicio al cliente, retomando la siguiente frase de Peter
Drucker:
“Recuerda que lo más importante respecto a
cualquier empresa, es que los resultados no están en el interior de sus
paredes. El resultado de un buen negocio es un cliente satisfecho.”

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